Misterio

Me encanta el misterio. Eso de imaginar cosas, de proyectar algunas y de esperar otras siempre me ha llamado la atención. Pero tiene que ser interesante, no sólo descubrir si le gustan más Los Simpsons o Futurama o cuál es su crema favorita. El enigma puro, ese que te hace pensar en si te está diciendo la verdad o es un cuento entretenido. Preguntarme qué la hace sonreír más, que le molesta en exceso, qué la hace llorar. Cómo camina sobre la tierra mojada, cómo insulta, cómo luce su silueta en la penumbra.

Puede que esto sea sólo un destello pasajero o una falsa imagen. Pero hoy da lo mismo, es la distracción perfecta para la creatividad que quedó con camisa de fuerza en el rincón oscuro.

Y si me equivoco... ¿qué?
Escrito por Carlos a las 11:19 del martes 6 de octubre de 2009 | 1 Comentarios PermaLink

Esperando

Moriré esperando una señal de tu parte. Realmente no. Dudo que llegue la muerte tan rápido a golpear mi puerta y a lanzarme por el noveno piso o incluso llevarme más arriba. Dudo que se atreva todavía a abrir la llave del gas e hipnotizarme de noche, cuando no quiera ni pueda reaccionar. Dudo que se vuelva brasas que me conviertan en la ceniza de la que provine. Pero pasaré mucho tiempo sentado, escuchando Pink Floyd o Porcupine Tree, con la luz encendida o en la penumbra de los focos de la construcción… anhelando que respondas alguno de los infinitos mensajes que he enviado, intentando que reacciones ante algún correo, buscando que actúes más allá de girar la cabeza al verme pasar. No sé con qué objetivo, no sé con qué motivación. Pero me quedaré junto a la cama esperando por ti.
Tal vez ni siquiera te des cuenta cuando trepe al avión que me saque de aquí en busca de un futuro próximo o mejor y sólo te enteres cuando pise el Hemisferio Norte. No te arrepentirás, claro. Con suerte sentirás un sutil deseo de haberte despedido y haberme dicho un par de cosas, por la sola tranquilidad de la consciencia. Esa que te pesa tanto junto con el orgullo y la mediocridad.
Y no hay ninguna que se distinga. Todas se revuelcan en el mismo lodo en que yaces tú, al que intentaste reducirme para que no reclamara más. ¿Esa era tu forma de hacerme feliz? ¿Así pretendías probar que te estabas muriendo con mi ausencia? Alguna protesta por la ausencia de señales, otra se dejará llevar por un impulso y más de alguna pensará en la nula disponibilidad de tiempo en la agenda. Excusas débiles y entendibles. Todas con el lodo hasta el cuello.

No me importa que aparezca alguien mejor. Ni si la hay, ni si la conoceré. Bruta y mala, manipuladora y fría, te quiero igual, para pesar del idiota corazón. La inteligencia desaparece en estas circunstancias, cuando me involucré más de lo necesario y tomé ciertas decisiones incorrectas hacia ti.

Hoy festinas. Hoy le cuentas al mundo cuán distintos somos, cuán fácil dejaste todo atrás tú y cuánto me ha costado a mí. Podrás atesorarlo en tus recuerdos, en el ego que te consume el corazón y quizás hasta quieras contarlo en el futuro, cuando mi nombre aparezca en alguna parte. Ya sea víctima o victimario.
Y en la vida de mierda que llevarás, quizás esperes algo de mí. Pero con lo idiota que eres, ni siquiera entonces serás capaz de percatarte de todo.


Y con lo idiota que soy yo, será probable que me haya quedado esperando. Otra noche más.

Escrito por Carlos a las 20:37 del jueves 1 de octubre de 2009 | 1 Comentarios PermaLink

Despertar

¿Recuerdas nuestro primer despertar juntos? Tu pelo brillando con el sol del mediodía que se colaba por la ventana frente al mar, mientras tu cuerpo se resistía y con tu voz de sueño me pedías descansar más. Imposible resistirse a contemplar tu belleza sobre la pequeña cama en que nos acomodábamos los dos o a acariciar tu cabeza y tu espalda para que no dejaras de dormir.
Faltan instancias para arrepentirme de haber arruinado la mágica perfección de los tres meses caminando junto a ti. Tres meses que habían comenzado cuando caminábamos junto al parque, a la salida de la –vecina– facultad, entre los autos que huían del cobro municipal. Quizás sin romanticismo aparente… pero bastaba con el que teníamos en la mirada.
No sé si anoche, cuando cortaste el teléfono apelando a que ya no podías hablar más, lo habrás hecho conservando aquel resplandor en tu mirada que terminó flechándome. Me dices que estábamos cansados para hacer las cosas bien otra vez, aunque yo jamás lo intenté. Jamás me han faltado las fuerzas para amarte. Hoy permanezco enérgico, como cada una de las veces en que me anunciaste tu regreso, ese que solía darme una nueva vida que quizás los vecinos terminarían odiando por culpa de las canciones que te dedicaba a través del viento. La misma pasión, la misma intensidad de siempre, aunque ahora con la convicción absoluta de nuestras debilidades y nuestras fortalezas. Hoy sé qué esperar, hoy sé qué debería dar. Sería tan fácil abalanzarme sobre ti y torcer tu voluntad maciza, tal como debí hacerlo esa noche de sábado en que decidiste mandarme al olvido, convenciéndote de que no tienes otro lugar que entre mis brazos. Pero no. No quiero hacerlo. Debo llevarte al extremo, es cierto… pero eres tú quien debe decidir volar nuevamente. Tus alas las conservo yo. Están en el mismo lugar que tu cuadro y algunas de tus cartas.
No puedo dejar de pensar en aquel despertar y en todos los que vinieron después. En los sueños que comenzaron con el beso de buenas noches y que terminaron para besarte el cuello intentando que despertaras. Para que de pronto abrieras las almendras en tus ojos y sonrieras para mí. Parece ser idéntico a lo que quiero hoy: que abras tus ojos y te des cuenta quién está recordando tu amor en medio de la noche. Y que sonrías. Aunque sea una última vez.
O aunque sean mil mañanas más.

Escrito por Carlos a las 01:50 del jueves 24 de septiembre de 2009 | 0 Comentarios PermaLink

Extraño

Extraño nuestras conversaciones de noche. Las palabras después de habernos visto en la tarde, de haber caminado juntos por la Providencia o la Costanera. Incluso aquellos desencuentros, incluso las proyecciones tristes pensando en qué haría cuando te fueras. Incluso eso extraño contigo.
Los besos que te daba poco antes de subir al metro o justo tras salir de la estación, con tu mirada perpleja una sonrisa encantada. Cómo no extrañarlos. Tu expresión de sorpresa al girar hacia la derecha en el aeropuerto, tu vergüenza con los gritos en Policía. A ti, con todo lo que significaste, con el cambio súbito, con el compromiso nunca cumplido. Con los malos entendidos por mi excesiva parsimonia y tu excesiva prisa. Con la pregunta en la mente de si serás la única… o la última que haya hecho las cosas bien al menos durante un rato. Con la certeza de que fuiste lo mejor que tuve en los últimos años.
Imposible no extrañar tu última exhalación junto con los escalofríos que se escabullían desde dentro… o tu piel acariciada por el agua caliente. Imposible no extrañarte a ti, simplemente porque un día naciste. Y porque fuiste mía. Y porque huiste.

Incluso porque hoy eres feliz.

Escrito por Carlos a las 22:47 del lunes 21 de septiembre de 2009 | 1 Comentarios PermaLink

Noches

Odio las noches. La fase de negación, en ese momento del día, se intercala con aquella que viví en tu presencia. Allí estarás, qué diferencia tendrán estas Fiestas con las del año pasado, si siempre has sido igual.
Soy yo el que está distinto. Condenado a permanecer fuera del equilibrio. Aunque eso no sea malo del todo.



Quizás odio más los sueños. Pero los últimos, esos que son casi de mañana.
Escrito por Carlos a las 23:12 del sábado 19 de septiembre de 2009 | 0 Comentarios PermaLink

Aprovechando

Debí pasar más tiempo estudiando cuando se acercaba la medianoche. Los resultados hubiesen sido distintos, pero tal como dijo el propio creativo: hay cosas más importantes. Y quizás eso se ha repetido hoy.
Hay algo en tu dolor que me duele a mí. Que me complica y despierta el maldito síndrome de protección... y que hace que se pierda el encanto, pero se estreche el vínculo. Siempre se puede hacer algo más. Siempre. Podrás seguir diciendo que soy un aprovechador o que soy raro o quizás cuántas cosas más. Pero de todas maneras la sonrisa no queda plasmada en mis labios después de saber que lloras. Cuánto lloras. Y por qué lloras.
Seguramente es eso lo más importante. Por qué. Es lo que te estarás preguntando. La maldad es incomprensible, podría nacer de envidia, de frustraciones o tal vez siempre estuvo ahí. No tengo palabras para aconsejarte de verdad, porque hasta cierto punto comparto tu sentimiento dentro del propio temor que tengo de despertar súbitamente sintiendo la ausencia.

Esta noche sólo espero que lleves varias horas durmiendo bien. Que tus lágrimas se hayan calmado y que, en algún momento, esboces una sonrisa mientras descansas. Quizás sea un sueño. Quizás te tome de la mano y te haga sentir regalona de nuevo. Esa dimensión es de ustedes dos: nadie, ni con persuasión ni con maldad, será capaz de romperla...


...mientras no envenenes tu corazón.
Escrito por Carlos a las 03:13 del martes 15 de septiembre de 2009 | 0 Comentarios PermaLink

Doce y Doce

Para variar, habíamos terminado a última hora. Algo fuimos capaces de improvisar tras desconocer el sentido de aquella responsabilidad. Pero debimos terminar antes. Me acompañó a la puerta con la misma actitud de siempre, la de un amigo de verdad, diferenciándose de la envidia incontrolable que otros disimulan con consejos, bromas o simples palabritas. Eso ya me lo habían mencionado antes... y lo más triste es que quizás uno esté celebrando por haberme vencido. Mal.

Salgo de su casa y camino hacia la Avenida. Vacía, como pocas veces. Apenas un par de autos pasando, apenas un par de personas acercándose. La llamo para cumplir con el compromiso voluntario... o quizás sólo para escucharla. Es dulce y sonríe, es fácil percibirlo, aunque quizás no sea yo la razón. Probablemente no sea yo la razón. Quizás debí terminar antes para no tener que cancelar nuestra cita.

"Terminar antes" es una frase que muchos han repetido respecto a mí y que yo mismo me he cuestionado. Me asedia nuevamente cuando la quinientos cinco pasa por cerca de donde tal vez una descansa ondulada. Terminar antes, quizás no haber aceptado el desafío y terminar antes, sin considerar el costo. Hoy ella es feliz. Y mientras camino por los lugares en que protestó y lloró, siguiendo mi Segunda Vida, la recuerdo sutilmente.

Las decisiones que he tomado, a pesar de todo, parecen ser las correctas. Las palabras hay que decirlas en ciertas ocasiones, no guardarlas asumiendo que el otro entiende... pero sin esparramar la porquería sobre quienes te valoran. Ya no cruzo por la última Avenida antes de llegar a casa con la interrogante de qué hubiese pasado. No pasó. No pasará. Y quedo convencido medio día después de rendirme al sueño.

A todo esto, ¿alguien sabrá por qué mi alfa ha cambiado al menos doce veces en el mes?
Escrito por Carlos a las 14:05 del sábado 12 de septiembre de 2009 | 0 Comentarios PermaLink

Acerca del Autor














  • Carlos Salazar Rivera, 21 años
  • Con un estilo muy particular, este estudiante de Economía en la Chile ha conseguido posicionarse como un líder de opinión. Sin embargo, no todo en su vida se relaciona con los estudios, la política o el carrete. También hay espacio para la libertad, la creatividad y la seducción, armas que, aparentemente, han sido altamente efectivas para ayudarle a lograr sus propósitos. Actualmente... ¿quién sabe?
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